Telva - Bienestar
national_mediaErri de Luca, escritor (75 años): "La vejez me ha abierto los ojos de par en par. Veo más cosas y con mayor precisión. Aunque sé también que es un movimiento cuesta arriba"
No verás ni leerás reflexiones sobre la vejez como las de Erri de Luca. El famoso escritor italiano ha tomado el hecho de que la humanidad nunca había tenido tantas personas de edad avanzada con semejante actividad. Aunque, su caso, es realmente excepcional. A los 30 años empezó a sumergirse en el mundo de la escalada y con 73, tras la muerte de su amigo Diego Zanesco y escribir un libro sobre su amistad, de Luca se puso, solo, frente a una pared de 200 metros sin arnés, cuerda ni mosquetones. A Diego, dice, le encantaba esa forma de escalada. Le brindó así su particular homenaje; pero de paso se llevó la alegría de un completo entendimiento entre su cuerpo y sus pensamientos. La experiencia le dio la idea del título de un documental que vería la luz en 2024: La edad experimental.
¿Por qué concebir el envejecimiento como un camino al declive? ¿Acaso tener un envejecimiento activo no ofrece la posibilidad de experimentar esta fase vital con optimismo? Después de grabar el documental en el que aparece paseando junto a la modelo Inès de la Fressange, su amiga, el escritor decidió darle dimensión de letras a la experiencia, su gran habilidad. El 4 de febrero, de la mano de la editorial Seix Barral se publica su último ensayo con el mismo título del documental, La edad experimental. En él, Erri de Luca intercala cartas con la modelo francesa, ambos discurriendo sobre el significado del paso del tiempo. "En el tumultuoso curso del tiempo, las amistades se desprenden, al estilo de las hojas. Quedan un puñado. La savia que las nutre es la lealtad", escribe el italiano.
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la vejez convertida en mayoría
En el ensayo, Erri de Luca explora la idea de que la vejez actual es una oportunidad para descubrir algo nuevo sobre uno mismo y sobre los demás. "Ninguna generación antes de la mía ha sido vieja en un formato tan numeroso. La vejez se ha convertido en mayoría. Se trata, pues, de un experimento. Es más activa que las precedentes. Ayuda con las pensiones y con el cuidado de los niños. Se encarga de la suplencia civil con el voluntariado. Descubre que brindar de forma gratuita su tiempo, su experiencia, infunde un significado más profundo al tiempo que le resta", escribe.
Convertido en una estrella mundial e inesperada de la escalada pasados los 70 años, el autor confiesa que hay una edad en la que llegas y tienes demasiados recuerdos como para poder alcanzarlos todos. Pero eso no le fuerza a mirar hacia atrás todo el tiempo, sino a concebir el futuro desde otra perspectiva. Por ejemplo, sin limitarse las posibilidades de disfrute. "En el pasado, me he abstenido de oportunidades para experimentar placer. Requerían una adhesión por mi parte, una especia de inscripción a la excursión, a la velada", señala. "Hoy, no dimito de ningún placer. A diferencia de antes, lo acojo con más decoro, sin impaciencia", añade.
una nueva oportunidad
El enfoque del envejecimiento ha estado siempre influenciado por una perspectiva pesimista. Con el final de la vida en el horizonte, lo máximo a lo que ha aspirado la conciencia social es atribuir a esta etapa vital el titulo de "ultima oportunidad". Sin embargo, Erri de Luca le atribuye una lógica distinta. "Pensaba en la vejez bajo la imagen de Argentina, que desciende hasta el fondo del continente austral, encogiéndose y convirtiéndose en Tierra del Fuego. Para mí, la vejez era ese descenso hasta allí abajo donde habrá que lanzarse y donde un océano es tan bueno como cualquier otro", escribe. "Ahora sé que el su movimiento es cuesta arriba", añade.
La vejez no es una última oportunidad de vida, sino una nueva. "Es esta edad la que me ha abierto de par en par los ojos. Deberían debilitarse, y lo hacen; a las gafas de lectura les hace falta media dioptría más. Pero veo más cosas y con mayor precisión", señala Erri de Luca. Sus palabras, le dan un sentido diferente al que la sociedad suele considerar sobre envejecer. No se trata de apagarse poco a poco, sino de aprender a mirar más lejos, con menos prisa y con una lucidez que solo concede el tiempo.
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national_mediaValentín Fuster (83 años), cardiólogo: "La felicidad es un término difícil de definir. Para mí está muy relacionada con la estabilidad, la sensación de autodomino y la autoestima"
Defiende el doctor Valentín Fuster, cardiólogo en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York y director general del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) en Madrid, que "el corazón sirve para dar cantidad de vida; el cerebro, para dar calidad de vida" y añade que "en salud debemos empezar a hablar de calidad de vida, y por ello tenemos que empezar a poner esfuerzo en el cerebro, tomar la decisión de cuidarnos". Más allá de su campo de trabajo, Fuster comparte una filosofía de vida que incluye herramientas para alcanzar la felicidad.
La regla de las cuatro "T" y las cuatro "A" con las que uno se da a conocer
"El problema de sociedad actual es que podemos perder de vista quiénes somos, entonces dejamos de dominar también lo que está a nuestro alrededor", explica el doctor Valentín Fuster. En línea con esta reflexión, el cardiólogo ha desvelado en diferentes ocasiones que él mismo sigue la regla de las 4 T y de las cuatro A, pero, ¿en qué consiste y cómo podemos sacarle partido?
"En un mundo como en el que vivimos, si uno no tiene claras 4 ideas, se mueve como una bandereta", afirma el cardiólogo. "Las 4 'T' se refieren a cómo uno madura personalmente, mientras que las 4 'A' están relacionadas a cómo uno transmite cómo al mundo en que vive".
La primera "T" se refiere al tiempo a reflexionar, cada uno de nosotros debería dedicar 15 minutos al día para pensar en lo que es prioritario y lo que no lo es. "Es fundamental, estos 15 minutos son los más importantes del día", declara el médico y añade: "Nosotros no tenemos que reaccionar a lo que ocurre en nuestras vidas, sino proactivar y para ello debemos conocernos muy bien".
Otra "T" la asocia al talento personal: "Es también prioritario saber cuál es tu talento y aplicarlo", solo de esta forma podrás dedicar tu vida a aquello que realmente te apasiona. En tercer lugar, el doctor Valentín Fuster habla de "transmitir positividad", y la última "T" la relaciona con la "tutoría", algo que él mismo ha declarado que fue fundamental en el desarrollo de su carrera profesional: "Mi vida ha sido seguir consejos de gente que he tenido la confianza en lo que me decían".
Sumado a esto, el referente en cardiología habla de las cuatro "A" con las que nos presentamos en el mundo en el que vivimos. La primera de ellas hace referencia al altruismo, "la gente más feliz es la que más da, no los que reciben. Cómo uno intenta ayudar al mundo de alrededor es fundamental para sentirse útil y mejorar así nuestra autoestima". Otra A es la actitud positiva, el mundo está lleno de problemas, "pero voy a buscar la forma de enfrentarlo", te anima a pensar el médico.
A lo anterior, el doctor Fuster suma dos "A" más. Por un lado, aceptar quién eres, y no fijarte en el vecino, y la autenticidad, "eres el mismo en todos los momentos del día, no cambias según con quien hablas", sentencia.
Una mejor autoestima nos ayudará a elegir mejor lo que nos conviene
Dos de las claves en las filosofía de la felicidad del doctor Valentín Fuster son educación y autoestima, ambas en relación directa.
La educación es importante para la autoestima: más sabemos, más control de nosotros, y mejor podemos escoger lo que nos conviene. "Con educación tienes más variables para moverte en la vida y lograr dominar el mundo; con menos educación el mundo te dominará", declara el doctor Fuster.
En cuanto a lo que felicidad se refiere, el cardiólogo afirma: "Es un término difícil de definir, todos tenemos fluctuaciones. Pero cuando tenemos estabilidad, esta nos da sensación de autodomino, de autoestima, de soy y soy quien soy y hago lo que tengo que hacer"
¿En qué posición me encuentro? Sigue este sencillo "cuestionario" personal para descubrirlo: "La estabilidad se califica con 15 puntos", explica Fuster. Los primeros 5 puntos se otorgan en función de lo emocionado o estimulado que estés al principio de la jornada con lo que el día me depara. La estabilidad emocional, ser cada día más o menos la misma persona, podría sumar otros 5 puntos. Por último, tendrías que calificar hasta con otros 5 puntos tu objetivo vital.
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national_mediaDr. Jesús Esquide, especialista en longevidad: "Hay personas de 50 años con una edad biológica de 35, y gente de 35 con marcadores de 55. La diferencia se puede explicar por hábitos tóxicos"
Durante años hemos asociado la edad a una cifra fija, pero hoy la ciencia propone otra mirada mucho más reveladora. La edad biológica no habla de cuántos años has vivido, sino de cómo los ha vivido tu cuerpo. Es un indicador del estado real de tus células, tejidos y sistemas internos. Entenderla supone un cambio de mentalidad importante: deja de ser una cuestión estética o aspiracional y se convierte en una herramienta de salud preventiva.
"La edad biológica puede variar de acuerdo al estilo de vida, es decir, una persona sometida a estrés no controlado, con una alimentación poco equilibrada, poco descanso y vida sedentaria, puede tener una edad biológica superior a su edad cronológica. Por el contrario, hábitos de vida saludable, dieta y ejercicio adecuados a las necesidades individuales y medidas preventivas personalizadas, pueden conducir a una edad biológica inferior a la cronológica. Es el 'estar joven' o 'estar envejecido' cuando se nos evalúa en función de la edad cronológica", esclarecen desde la Clínica Planas (Carrer Pere II de Montcada 16, Barcelona).
Saber cómo estás envejeciendo por dentro permite anticipar problemas, tomar decisiones más informadas y, sobre todo, intervenir antes de que aparezcan síntomas o enfermedades.
Qué es exactamente la edad biológica
"La edad biológica mide procesos, no cumpleaños. Evalúa cómo están funcionando tus tejidos, tu metabolismo y tu sistema inmune. Es un retrato dinámico del cuerpo real, no del calendario", expone el Dr Jesús Esquide, director de Longevytum (Calle Félix Boix 14, Madrid).
A diferencia de la edad cronológica, que avanza de forma lineal, la biológica puede acelerarse o ralentizarse según el estilo de vida, el estrés, el sueño, la inflamación o la alimentación. Es una fotografía dinámica del cuerpo en ese momento concreto. Por eso puede cambiar con el tiempo y reflejar tanto el impacto de hábitos poco saludables como la mejora tras introducir cambios bien dirigidos.
Por qué es más importante de lo que crees
La edad biológica es uno de los mejores predictores de salud futura. Cuando se acelera, se asocia a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, deterioro cognitivo o algunos cánceres, incluso en personas que se sienten "bien". Lo relevante es que estos cambios aparecen antes de que existan síntomas claros. Por eso es tan valiosa: permite ver lo que todavía no se nota. No se trata de vivir con miedo, sino de contar con información que ayude a prevenir, ajustar hábitos y proteger la salud a largo plazo.
Años ganados, años perdidos
Una de las ideas más impactantes de la edad biológica es que puede ser mayor o menor que la edad del DNI. "Permite detectar años ‘perdidos’ o ‘ganados’. Hay personas de 50 con marcadores de 35, y gente de 35 con marcadores de 55. La diferencia suele explicarse por inflamación crónica de bajo grado, estrés, sueño, microbiota o hábitos tóxicos", indica el Dr Esquide. No es una cuestión de culpa, sino de contexto. Entender estos "años ganados o perdidos" ayuda a poner el foco donde realmente importa.
La gran diferencia: sí se puede modificar
"La edad biológica es modificable: la edad del DNI no. Los marcadores epigenéticos y metabólicos responden cuando se corrige el terreno biológico: nutrición, metabolismo, inflamación, ejercicio, sueño o suplementación adecuada", explica el Dr Jesús Esquide de Longevytum. Esto convierte a la edad biológica en una herramienta activa, no pasiva. No se trata de hacer más cosas, sino de hacer las adecuadas para tu cuerpo. Pequeños ajustes sostenidos pueden tener un impacto profundo en cómo envejecen tus células y en tu calidad de vida futura.
Cómo se mide la edad biológica hoy
Actualmente se utilizan distintos marcadores para estimar la edad biológica: parámetros metabólicos, inflamatorios, hormonales, oxidativos y, en algunos casos, epigenéticos. No es una sola prueba aislada, sino una lectura global del estado del organismo. Estos análisis permiten identificar si el envejecimiento se está produciendo de forma acelerada y en qué sistemas concretos. La clave no está en acumular datos, sino en interpretarlos correctamente para entender qué procesos necesitan atención y cuáles están funcionando de forma óptima.
Para qué sirve conocer la tuya
Conocer tu edad biológica sirve para priorizar. Ayuda a decidir dónde intervenir primero y evita estrategias genéricas que no siempre funcionan. "La misma edad cronológica no implica las mismas necesidades: dos personas de 45 pueden requerir intervenciones muy distintas en función de su edad celular", revela el director de Longevytum.
Esta información permite personalizar la prevención, ajustar hábitos de forma más eficaz y medir si los cambios que introduces están teniendo efecto real. También aporta tranquilidad: entender tu estado biológico reduce la incertidumbre y transforma la salud en algo más consciente, estratégico y alineado con tus necesidades reales.
Edad biológica y esperanza de salud
"Es un marcador de ‘esperanza de salud’. No mide cuánto vas a vivir, sino cuántos años puedes vivir bien: con función cognitiva preservada, fuerza muscular, metabolismo estable y menor dependencia futura", aclara el Dr Esquide. En lugar de obsesionarse con la longevidad como cifra, pone el foco en la calidad de esos años. Vivir más, sí, pero también vivir mejor. Con energía, movilidad, función cognitiva preservada y capacidad para disfrutar del día a día. Ese es el verdadero lujo al que apunta este concepto.
Medicina preventiva y longevidad personalizada
La medicina preventiva centrada en longevidad saludable parte de esta visión integral. Clínicas especializadas como la Clínica Planas en Barcelona o Longevytum en Madrid trabajan con diagnósticos avanzados para detectar envejecimiento prematuro antes de que se manifieste. Su enfoque no es corregir cuando algo falla, sino anticiparse, personalizar estrategias y acompañar al paciente en el tiempo. La edad biológica se convierte así en una brújula: señala el camino para ampliar los años de vida libre de enfermedad y mantener la salud como un proyecto a largo plazo.
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national_mediaCarolina Ruiz Vega, entrenadora personal: "Caminar con los brazos activos mejora la postura, la estabilidad y hace que la zancada sea más fluida"
Está comprobado que caminar es uno de los ejercicios más saludables para el cuerpo humano y muy recomendable, sobre todo, a partir de los 50. Andar no se trata solo de poner un pie y luego el otro y dejarse llevar. La técnica de la marcha también depende de los brazos, la espalda y el abdomen para que, en conjunto, sea más eficaz.
"Al caminar, los codos deben mantenerse ligeramente flexionados, en torno a los 85-90 grados, para que el movimiento de los brazos acompañe al de las piernas y favorezca una zancada más fluida", explica Carolina Ruiz Vega, entrenadora personal y creadora de la marca Carobicos.
La coordinación entre extremidades superiores e inferiores es fundamental. "Balancear los brazos de forma natural, sincronizándolos con las piernas, mejora la cadencia y ayuda a mantener el equilibrio del tronco", añade Ruiz Vega.
El braceo en la marcha
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Cómo debe colocarse el cuerpo al caminar
Más allá de los brazos, la postura general también importa. "Uno de los errores más habituales es caminar encorvado o con los hombros elevados; lo ideal es mantener la espalda erguida, los hombros relajados y el abdomen ligeramente activado", recomienda Carolina Ruiz.
Respecto a las piernas, la entrenadora señala que "la pierna que avanza debe mantenerse recta, sin rigidez, desde que el pie toca el suelo hasta que queda justo debajo del cuerpo, lo que reduce el rebote y hace la marcha más eficiente".
El apoyo del pie también influye en el paso. "Lo más adecuado es apoyar primero el talón y después rodar el pie suavemente hacia los dedos, terminando el gesto con un pequeño empuje final", explica RuizVega.
Beneficios más allá de la técnica
Mejorar la forma de caminar no solo tiene efectos sobre la postura. Según Francisco Molina, "un patrón de marcha bien coordinado, con participación activa del braceo, disminuye la sobrecarga articular y contribuye a una locomoción más económica y segura".
Además, este movimiento rítmico influye en el equilibrio. "La sincronización entre brazos y piernas permite un mejor control del centro de masas, lo que resulta especialmente relevante en personas con alteraciones de la marcha o mayor riesgo de caída", subraya el profesor.
Caminar mejor para sentirse mejor
Ahora que vemos el hecho de caminar como algo trivial y mecánico podemos afirmar que se trata de un ejercicio completo si se realiza con buena técnica. "Pequeños ajustes en la postura y en el movimiento de los brazos pueden transformar una caminata corriente en una actividad más cómoda, eficiente y saludable", resume la entrenadora Ruiz Vega.
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national_mediaTeresa Herrero, coach de desarrollo personal: "El monotasking consiste en aprender a decir no a interrupciones constantes y a la presión de estar siempre disponibles"
En los últimos años, hemos vivido un momento en el que la multitarea se ha premiado. La hiper productividad era la meta. Y nosotras, malabaristas en un circo diario en el que hacer varias cosas se interpretó siempre como una virtud: rapidez, eficiencia, capacidad de respuesta... En la práctica, sin embargo, el multitasking se ha convertido en uno de los grandes detonantes detrás del estrés moderno. En 2026, un nuevo propósito comienza a ganar fuerza: entrenar la mente para concentrarse en una sola cosa cada vez. Llega, por fin, un cambio de rumbo.
Lejos de ser una moda más, el paso del multitasking al monotasking responde a una necesidad neurológica, emocional y cultural cada vez más evidente. Porque cada vez más expertos coinciden en que el cerebro humano no está diseñado para gestionar varias tareas complejas de forma simultánea, sino para alternar la atención. Seguir con el mismo modelo de siempre, tiene un coste real.
"El cerebro no está diseñado para realizar varias tareas complejas a la vez. Lo que hace es cambiar constantemente de foco, y cada cambio tiene un coste", explica Teresa Herrero, coach especializada en desarrollo personal y gestión emocional. "Ese esfuerzo invisible genera cansancio mental y una sensación permanente de urgencia".
Por qué el cerebro no soporta el multitasking
Desde un punto de vista cognitivo, la multitarea no es simultaneidad real, sino una fragmentación de la atención. Cada salto entre tareas implica un proceso de reorientación mental que consume energía, ralentiza el rendimiento y aumenta la probabilidad de error. Y el resultado, en contra de lo que se cree, es paradójico. Se trabaja más tiempo para lograr menos avance, mientras se incrementa la fatiga mental y la sensación de no llegar nunca a todo. "Muchas personas llegan al final de la jornada con la sensación de haber estado ocupadas todo el día y, aun así, no haber avanzado", señala Herrero.
Y esto tiene consecuencias a varios niveles: desde la disminución de la productividad real (aunque lo percibamos de otra forma), al aumento del estrés y la ansiedad, el mantenimiento de nuestro sistema nervioso en alerta constante, el incremento de los descuidos y los errores, el agotamiento mental y el aumento, inevitablemente, de la sensación de saturación y urgencia permanente. "Ese agotamiento no viene de trabajar mucho, sino de trabajar sin atención sostenida", dice la experta.
Decir sí a todo, desgasta
Pero más allá de todo esto, el multitasking es también muy emocional. Con frecuencia viene acompañado de la dificultad para poner límites, de no saber priorizar y de tolerar la incomodidad por no responder de inmediato. "El multitasking muchas veces es una forma de decir que sí a todo. Y decir que sí a todo es una manera silenciosa de decir que no a uno mismo", recuerda Teresa.
Responder a cada mensaje, aceptar cada tarea y permanecer siempre disponibles se ha normalizado como un signo de compromiso. Pero cuidado, porque este patrón termina erosionando el bienestar, la autoestima y la capacidad de presencia.
¿Es el monotasking la nueva elegancia mental?
Con seguridad te decimos que SI. Y es que frente a esta cultura de la fragmentación mental, el monotasking propone un cambio total: centrarse en una sola tarea durante un periodo de tiempo definido, sin interrupciones ni estímulos, para mejores resultados.
Y no, no es una técnica más de productividad, sino más bien una nueva forma de relacionarnos con el tiempo, la atención y nuestra propia energía. "El monotasking no consiste solo en hacer una cosa cada vez. Consiste en aprender a decir no a interrupciones constantes y a la presión de estar siempre disponibles", dice la experta.
Hacer menos pero hacer mejor, tiene beneficios. Adoptar el monotasking como nueva forma de vivir más presente y más lento, tiene efectos claros en el bienestar mental y emocional como:
Mayor foco y claridad mental
Reducción del estrés y la sensación de urgencia
Mejora en la calidad del trabajo y la creatividad
Mayor sensación de avance y satisfacción
Límites más sanos y mejor gestión del tiempo personal
En otras palabras, menos dispersión y más presencia. ¿Cómo empezar? Olvídate de las transformaciones radicales y empieza por lo más esencial y lo más pequeño. Eso sí, procura que esos pequeños ajustes sean sostenidos en el tiempo. Desde trabajar en intervalos de tiempo protegidos (siguiendo el famoso método Pomodoro) a priorizar tareas clave por bloques de tiempo o cerrar cada tarea antes de abrir otra. Y por supuesto, dedicar un tiempo a priorizar qué es necesario y qué no.
Elegir hacer sólo una tarea en el momento y plantar cara a la hiper productividad y a ese malabarismo vital es el gesto contracultural que la vida, como era de esperar, nos ha puesto delante este 2026. Y era necesario.
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national_mediaAisha Rodrigue, entrenadora experta en maniobras fasciales: "Cuando acaban mis clases de Inteligencia Corporal suelo decir en broma: Hoy os he puesto doble dosis de toxina botulínica"
Las maniobras fasciales han pasado de consultas especializadas a reels virales con millones de visualizaciones. Movimientos lentos, a veces casi imperceptibles, que prometen aliviar el estrés, soltar el cuerpo y hasta refrescar el rostro. Más allá del hype, la pregunta es lógica: ¿hay ciencia detrás? La respuesta empieza por entender que el cuerpo no funciona por compartimentos estancos.
La fascia, ese tejido durante años ignorado, se ha revelado como una pieza clave en la regulación del movimiento, el dolor y el sistema nervioso. Y ahí es donde estas prácticas cobran sentido: no como una fórmula mágica, sino como una nueva forma de escuchar y habitar el cuerpo.
Qué es exactamente la fascia
"La fascia es el gran tejido conectivo del cuerpo: una red continua que envuelve, conecta y comunica músculos, huesos, órganos y sistema nervioso. No es solo ‘una envoltura’, sino un sistema vivo de percepción, adaptación y transmisión de fuerzas. Su estado influye directamente en cómo nos movemos, cómo sentimos el cuerpo y cómo distribuimos cargas. Cuando la fascia está adaptable y bien hidratada, el cuerpo funciona con más eficiencia, menos dolor y mayor sensación de integridad", apunta Bibiana Badenes, fisioterapeuta experta en movimiento consciente. Cuando pierde adaptabilidad, aparecen rigidez, incomodidad y sensación de bloqueo. Pensar en la fascia es dejar de ver el cuerpo por piezas sueltas y empezar a entenderlo como un todo.
Por qué la fascia importa más de lo que creíamos: relación con el sistema nervioso
Durante años, la fascia fue una gran olvidada, pero hoy "la ciencia fascial, que es relativamente joven, está cambiando de manera profunda cómo entendemos el movimiento, el dolor y la recuperación", comenta Bibiana Badenes que fue la primera fisioterapeuta en España en formarse en el método Rolfing®, un enfoque pionero de integración estructural y trabajo miofascial.
Lejos de ser una simple envoltura, es un tejido vivo y ricamente inervado que participa en la percepción corporal y la regulación del tono. Contiene mecanorreceptores e interoceptores que se comunican directamente con el sistema nervioso, influyendo en cómo sentimos calma, estrés o seguridad. Por eso, el trabajo fascial no actúa solo a nivel físico: es también neurosensorial, capaz de modular respuestas corporales y emocionales.
"Todo lo que vivimos (estrés, emociones no expresadas o experiencias intensas) queda registrado en el cuerpo, y la fascia es uno de los principales lugares donde se almacena esa información", asegura Aisha Rodrigue, co-fundadora del método de maniobras fasciales Human Garage.
Qué ocurre en el cuerpo cuando vivimos en estrés constante
El estrés crónico no se queda solo en la mente. Se manifiesta en el cuerpo como cambios en el tono fascial: tejidos más densos, menos elásticos y menos adaptables. Aparecen patrones muy reconocibles: hombros elevados, mandíbula apretada, respiración superficial, abdomen rígido. "El cuerpo siempre avisa. Algunas señales comunes son rigidez, dolor crónico, inflamación, sensación de pesadez, fatiga constante, limitación en el movimiento o incluso ansiedad y dificultad para relajarse", concluye la co-fundadora de Human Garage.
El cuerpo entra en "modo defensa" y se organiza para aguantar, no para estar cómodo. La fascia guarda esa historia, no como una emoción abstracta, sino como una forma concreta de sostenernos y movernos. Liberar la fascia es, en parte, ofrecerle al cuerpo una alternativa más amable.
Maniobras fasciales y el método Human Garage
Las maniobras fasciales se basan en movimientos lentos, conscientes y no invasivos que priorizan la calidad del gesto frente a la intensidad. A diferencia de otros métodos más exigentes o correctivos, trabajan con el sistema nervioso, no contra él, permitiendo que el cuerpo se reorganice sin entrar en resistencia.
El método Human Garage, fundado por Aisha Rodrigue (y con más de un millón de seguidores en redes sociales), parte de esta idea y propone maniobras sencillas orientadas a activar la autorregulación y la coherencia entre cuerpo y mente. "El método de Human Garage se basa en maniobras fasciales simples y conscientes que cualquier persona puede aprender. El objetivo no es ‘arreglar’ el cuerpo, sino devolverle su capacidad natural de autorregulación y autosanación", declara Rodrigue.
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